Ni siquiera sé las veces que he llegado a perder la
cabeza en este juego al que todos nos hemos empeñado en llamar vida. Es extraño
cuando te sientas en esa explanada que antes fueron recuerdos y contemplas, absorto,
el horizonte violeta. Siento el frío, el sonido del invierno, el olor del
tiempo en cada partícula que me rodea. Echo la vista atrás; doy una cabezada en
esa pequeña almohada de nieve que se ha formado en mi corazón.
Suspiro, por pura mecánica melancólica. Se me ocurre
sonreír después, formar una ligera curva en los labios: allí están los
recuerdos. Allí están deseos ante las chispas de las bengalas, promesas que se
consumían en la pólvora y escapaban con el humo. ¡Míralas! Las risas, las
tardes jugando en la arena, bailando rock hasta quedarnos mudos. Ah, esos
abrazos fueron sinceros. Escucho la lluvia caer sobre mi rostro, una melodía silbada
en el rumor este mundo dormido que está demasiado ocupado como para escucharme.
Frunzo el ceño: malos momentos, lágrimas que no llegaron
a ningún sitio, cementerios de sueños cubiertos por una fina y grisácea capa de
realidad. Lazos que se alinean en el vacío del infinito, que se rompen, que se
pierden, que sangran. Cierro los ojos para poder prestar atención a mis puños
aporrear la maldad en mis palabras, a lo poco que queda de mi alma. Está
gritando, la razón. Está herida, está corrupta. Pero, por lo menos, la sigo
teniendo.
Abro los ojos pues se está empezando a poner el sol, que
parece decir adiós a través de los años. Mi piel se conmueve al tacto de la
nieve. Abrazándome a mí mismo, dejo que el Invierno me envuelva entre sus
maltrechas alas blanquecinas. Todavía quedan demasiados años, demasiado que
tomar, demasiado por lo que luchar.
Y es mi sonrisa lo que dice que nunca dejaré de hacerlo.
Es mi sonrisa lo que me dice que seré eterno.
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Chicos, esta es la última entrada del año. No es
demasiado para despedirse, pero creo que es bueno.
No creo volver a publicar hasta el 2 de Enero, 3 quizá.
Dependo de mi familia en estos momentos.
Simplemente quería agradeceros este magnífico año que he
pasado junto a vosotros. Ya somos 152, y espero que sigamos creciendo. Muchas
gracias, por todos los que comentáis, por los que estáis siempre en Twitter
para lo que sea. Simplemente, tenéis más mérito que yo mismo. Y, aunque no me
avergüenza decirlo, os quiero mucho.
Feliz año y MUY próspero año 2012.
Se despide, con un helado abrazo invernal, Kay Williams. Hasta
más ver, ladies and gentlemen.
PD: Mañana por la mañana me paso por los blogs :)