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lunes, 12 de marzo de 2012

Desde el primer latido.


Y mandarlo todo a la mierda, Evey. 
Dejarlo volar, dejar que se vaya hacia alguna maldita parte en la que yo jamás pueda regresar. Siempre hemos sido mis sueños y yo, mis páginas y mis mil horas muertas sentado en la oscuridad, abrazándome, sin nada a lo que poder agarrarme. ¿Es justo que cada oportunidad se me escape de las manos cual rastro de ceniza de las que mis memorias fueron? ¿Es justo, Evey, que el destino me ajusticie de esta manera? Querría ir a ese lugar que me enseñaste, aquel sitio lleno de estanterías que no estaban repletas de libros. El lugar en donde se guardan las libretas de cada persona, sus vidas, aquellas en las que se narran sus latidos desde el principio al último. Encuentra la mía; encuentra la mía y dime si todo este sinvivir merece la pena. Y dime que él, sea quien sea, estará ahí para recogerme. 




Mañana me paso, lo prometo.

domingo, 22 de enero de 2012

Promesas.


Evey. Si escuchas esto es porque ya has escuchado los trece mensajes que te he dejado. Me mentiste, ¿verdad? Cuando me contaste a la luz de las velas, en la torre más alta de París, que podía ser feliz. Entonces te creí, pero todo fue una mentira, ¿eh? Cierro los ojos y sólo veo luces de guerra, heridas de batalla. ¿Pero, y los medallones? Nunca los tuve, tú me lo enseñaste.
Sin embargo, no estoy enfadado contigo. Nunca podré hacerlo. Sólo quiero que me prometas una cosa y que me ayudes, moviendo cielo e infierno, a hacerla realidad. Prometamos, sobre el fuego de nuestras vidas, que estaré sólo, que me dejarás estar sólo. A cambio, los haremos felices.
Contesta rápido, el chocolate se enfría.

Mañana me paso.

domingo, 17 de abril de 2011

Debería hacerte caso cuando hablas, Ev.

El compás se rompió, Evey. Lo puedo notar aquí dentro. Puedo notar como los sentimientos van entrando y, de repente, desaparecen. Es como si algo en mi interior se los fuera tragando, con ferocidad. Un agujero negro que nunca sacia su infinito apetito.
Pero no es mía toda la culpa, ¿sabes? Tú y yo sabemos que él no es el mejor de todos en los que me he podido fijar. Ambos sabíamos que yo tendría que arrastrarme sobre mis rodillas para poder conseguir su aprobación en algo. Sí, lo sé, me dijiste que eso es lo que hacían los perros. Y tienes razón, ahora es cuando me he dado cuenta de todas las verdades que me decías aquellas notes de niebla, cuando nos subíamos al tejado para unir las estrellas con cordones de oro blanco.
Yo intento dar lo mejor de mí, pero él no me da un margen de oportunidad. Aquella frialdad que me gustaba, aquella prepotencia que me encantaba, ahora es todo lo que me lleva a alejarme de él. Cada paso que doy hacia atrás es un día más para no volver a verlo. Y cada mirada que doy hacia el pasado me hace añorar más a aquellos que dejé a mis espaldas.
Porque yo sí se lo que quiero, lo tengo demasiado claro. Y lo que quiero, existe, aunque siempre en una nebulosa demasiado lejana para que mis brazos alcancen a abrazarla. Nosotros la llamamos La Nebulosa del Océano, ¿te acuerdas? Pero lo que él quiere, no existe. Lo que él quiere solo está en las películas. Lo que él quiere no es más que una hilera de fichas de dominó que, al moverlas un poco, se caen rompiendo el equilibrio.
Me gustan los retos, siempre que sepa que puedo llegar a algún lugar. ¿Te acuerdas cuando te dije que quería ser escritor? Es porque sé que puedo llegar a serlo. ¿Y te acuerdas de mis fotografías? Te dije que quería hacerlas porque sé reflejar el alma de la gente en ellas.
Pero, ¿me has oído alguna vez mencionar, con seguridad, que podría ser el único en su vida?
Pues ahí tienes la respuesta, pequeña Evey.
A partir de ahora, te escucharé, lo prometo.

martes, 14 de diciembre de 2010

Creer en el amor no es tan fácil como ellos me dijeron, Evey. Y eso me pone triste.

Ojalá pudiera volver a creen en ello, Ev. Ojalá pudiera volver a creen en el amor verdadero. Pero no lo haré, pues he recibido muchos golpes y hasta he llegado a dármelos yo mismo donde más dolía, como un maldito masoca que disfruta con cada cicatriz que se hace en su cuerpo. En mi caso, las cicatrices siguen en lo más profundo de mi alma. El mundo, mi mundo, ya no es el mismo, ya no recibe la misma luz que recibía en aquellos tiempos de antaño. Ya no consigo sonreír y siento un extraño vacío en el pecho que me  hace perder la cabeza. No haré las cosas que quiero hacer, no gritaré a los cuatro vientos el amor que siento por él y siempre quedará la duda del "¿qué hubiera pasado"?. Duele, Evey, tú ya me entiendes, entiendes a la perfección todo lo que quiero decir.
¿Hacemos una cosa, pequeña? Pidamos un nuevo corazón para el año nuevo. Pidamos vivir en vez de existir, pidamos alcanzar la luna con las manos. Vamos, pequeña, tenemos que lograrlo: es por nosotros.

"And I, I wanna believe in love. I wanna believe in something bigger than the two of US"


Amorosos lectores, mañana me pasaré por vuestros blogs. El pequeó Kay Williams tiene que seguir estudiando un montón. Por cierto: ¡¡Suerte a todos con los exámenes finales!!

domingo, 5 de diciembre de 2010

Joder, Evey, entiéndeme.

No es que me martirice, Evey. Es que en estos momentos no puedo sentir otra cosa que no sea eso. Nunca he podido ser realmente feliz. Nunca he podido realizar mi sueño verdadero. Porque él sigue ahí.
Él y su puta sonrisa.
Él y todos sus movimientos.
Él y su maldita fuerza de atracción.
No podré ser feliz nunca hasta que lo haya olvidado. Y eso Evey, es lo más triste que le puede pasar a una persona como yo.