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lunes, 5 de marzo de 2012

Soy.


Ese momento en el que ya no quedan lágrimas que derramar, en el que tus manos vacías, rotas y moradas no podrán sostener nada jamás. Ese momento en el que te das cuenta de que no tienes nada por lo que luchar. Ese momento en el que te das cuenta de que lo diste todo por nada, que ofreciste el corazón al viento;  ese momento en el que viste que se fue sin más. Ya no sientes, ya no sigues. Aún de pié en el borde, aún con fuerzas para seguir adelante, decides helarte, hundirte, morir en el interior, recordar cosas que no volverán, registrar páginas borradas en el tiempo. Un ente atrapado en el pasado, en lo que nunca fue, en lo que ya se ha ido. Eras tanto y ahora nada. Soy.
Y, sin embargo, me limito a mirar, a esperar. Aprendí a sonreír cuando todo iba mal, a alzar la cabeza con el corazón en luto. Son las heridas de la batalla, aquellas que nunca van a sanar. Son todas las cosas por las que caí, por las que morí.
Y, sin embargo, soy. Algo. A medio camino. Pero soy.

domingo, 22 de enero de 2012

Promesas.


Evey. Si escuchas esto es porque ya has escuchado los trece mensajes que te he dejado. Me mentiste, ¿verdad? Cuando me contaste a la luz de las velas, en la torre más alta de París, que podía ser feliz. Entonces te creí, pero todo fue una mentira, ¿eh? Cierro los ojos y sólo veo luces de guerra, heridas de batalla. ¿Pero, y los medallones? Nunca los tuve, tú me lo enseñaste.
Sin embargo, no estoy enfadado contigo. Nunca podré hacerlo. Sólo quiero que me prometas una cosa y que me ayudes, moviendo cielo e infierno, a hacerla realidad. Prometamos, sobre el fuego de nuestras vidas, que estaré sólo, que me dejarás estar sólo. A cambio, los haremos felices.
Contesta rápido, el chocolate se enfría.

Mañana me paso.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Lo mejor que pude decir se quedó en el silencio.


¿Acaso no nos avergonzamos de esto? ¿Acaso es verdad que el tiempo siempre cambia, o que el tiempo siempre mata? Nunca fuimos la palabra perfección, mas tampoco ningún sinónimo con el que relacionarnos en común. Tú eras blanco y yo era negro. Tú eras frío y yo era un viejo libro de páginas rotas. Nada que ver, pero tanto a la misma vez.

¿No te das cuenta? Si por este mundo fuera, la distancia no sería más que un paso que afrontar, y nos hubiera dejado libres. De nada sirve ya volver a escuchar esa canción, de nada sirve volver a recordar con el olor a café recién hecho, y con él las sonrisas ligadas a tardes interminables. Como la llegada del ocaso, te refugias en lo temporal y en lo que te hace ser opaca. Pero recuerda que eres infinitamente traslúcida, fina como el cristal y dura como el acero.

Imagina, por un momento, lo que hubiera sido de nosotros si nos hubiéramos rendido, si hubiésemos dejado que la corriente nos llevase. Fuimos todo, corríamos a pesar del viento. Si tú caías, yo te levantaba. Si yo me hundía, tú me socorrías. Las manos siempre unidas en el frío que se empeñaba en separarnos.
Imagina, por un momento, que no toda la culpa fue mía.

viernes, 23 de diciembre de 2011

One million.


A veces, una simple canción puede hacernos recordar un millón de infinitos e íntimos recuerdos que creíamos olvidados, para devolverlos a la realidad en la que nos encontramos como si fueran a hacernos nuestra existencia mucho más apetecible. Decidimos beber de ella, decidimos no dejar de pensar en todos los retrazos que encontramos en nuestro más profundo interior.
Y lloramos. Desconsoladamente. Lloramos por lo que hemos perdido y por lo que nunca ganamos. Derrochamos lágrimas y tiempo en darnos cuenta de que todo ha cambiado y de que los gorriones nunca volverán a volar sobre nuestras casas. Suspiramos por todas aquellas noches de invierno perdidas en la nada, bajo las sábanas. Bajamos la mirada frente a ellos, frente a los que ya no están, frente a los que ya se han ido. Rompemos en trizas nuestros pilares, tan sólo durante un segundo, para poder, para volver a recordar quiénes éramos en realidad. Y los devolvemos a la vida para morir, para vivir en esa realidad tan fría en la que todos nos hemos encerrado.


Feliz Navidad a todos :)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Eternidad.

Ya no sabíamos qué hacer. Tú y yo, la noche era demasiado oscura para ambos, pobres inocentes.
Conocimos la verdad de las historias de fantasía, reemplazándolas por históricas. Las personas cambian, crecen, solitarias e inquebrantables como el tiempo. Los sentimientos maduran, se enfrían, se rompen, desaparecen como tú. Los días caen, con el sol, hasta que la nada nos envuelve.
La pluma sobre el papel rasgado parecía no ser suficiente. Suspirar dolía, sonreír mataba. Sustituye el dolor por el alcohol si es lo que deseas, y el sentimiento de pérdida por las páginas de un viejo diario. Cambia las vendas, a pesar de que las cicatrices sigan en tu pálido cuerpo de princesa. Y puedes cerrar los ojos para no ver las luces rojas que te muestran el camino, pero los recuerdos seguirán ahí para siempre, como esa sombra del pasado que no se ha cansado de perseguirte. Escapa, huye, corre, grita, mas nunca podrás escapar el tic-tac de tu reloj.
Palabra tras palabra, tachón tras tachón, escondemos una parte de nosotros, dejando constancia del mundo que fluye por nuestras venas. Memorias, recuerdos, tardes de ocaso, nieve que se funde, simples afluentes que se escanden bajo la piel. Promesas de niños, mentiras para adultos. Teníamos un lugar al que llamar nuestro hogar, un lazo que nos unía en el paso de los años, una historia que poder contar.
Ahora me hayo aquí, sentado y cansado, maldiciendo el día en que las promesas, las palabras y los suspiros se los llevó el viento. Y duele, más que el fuego sobre mi piel, el saber que jamás volverán.
Les quitamos su eternidad.

sábado, 7 de mayo de 2011

Recuerdos en una habitación romana.

En Roma no solía llover de aquella manera. La ciudad, además de estar sumida en una profunda y triste soledad, era empapada por toda el agua que caía de aquellos enormes nubarrones oscuros que habían escondido la luz del sol en otra dimensión, asustada. Las lenguas de agua recorrían el asfalto. Las gárgolas de la catedral sentían el frío tacto de la lluvia en sus facciones. La plaza de San Pedro acallaba sus voces milenarias para poder escuchar el bello compás de las miles de gotitas que se estrellaban contra el suelo.
 Un gato, de ojos verde intenso, escapaba del chapuzón refugiándose en el hueco de una ventana. Sacudiéndose el pelaje y lamiéndolo después, el pequeño felino miraba el cielo con expresión resentida. Bruno miraba al animal desde el otro lado de la ventana. Suspiraba, con tal de sentir algo recorrer su cuerpo, aunque fuera el humo y aire que había en la habitación. Tomó una pequeña calada de aquel cigarro, aún a sabiendas de que sus pulmones estaban totalmente en contra de aquel cruel castigo. El gato bostezó enseñando sus fauces, unos colmillos largos, blancos y peligrosos. Estiró su cuerpo como si fuera un acordeón y se hizo un ovillo en la esquina de la ventana.
Bruno frunció el ceño y se vio él mismo en los ojos de aquel pequeño animal. Se volvió a sentir perdido, volvió a tener aquella sensación de no tener en donde poder caer de rodillas. La soledad lo invadió y el recuerdo de un dulce beso le hizo recordar el sabor a vino de su lengua. Y dolía, dolía tanto que se quedaba sin aire. Sus ojos violetas miraron hacia los nubarrones y sintió el frío de su recuerdo. Ella ya no estaba allí y solo le quedaban unas fotos de su vieja polaroid para recordarla. Las noches que había pasado a su lado habían sido maravillosas. Todavía podía notar aquella piel blanca y aterciopelada en sus yemas. Sus suspiros, su olor a vainilla, el bello sonido de su risa. La había visto escribir una y otra vez y no se cansaría nunca de observar aquella aura que la envolvía cuando la pluma arañaba y dejaba su rastro en el papel. La había visto en el escenario, dando vida a una escena que antes solo se componía de palabras sin sentido y que ahora estaban llenas de sentimientos. Su voz retumbaba en las paredes del teatro, que iluminado tenuemente hacía brillar aquellos ojos grises que habían conseguido enamorar el corazón de Bruno desde la primera vez que conoció la droga que escondían. La había visto sonreír frente a aquellos niños del hospital, a pesar de que morirían en poco tiempo, acusados de una grave enfermedad. Su felicidad les hacía la vida un poco más fácil y su fortaleza los animaba a seguir adelante.
Bruno suspiró y miró de nuevo al gato de ojos verdes. Sonrió con tristeza y abrió la ventana. El animal lo miró y pareció enarcar una ceja. Bruno tiró el cigarro hacia la calle y cogió al felino con delicadeza, metiéndolo en la casa y poniéndolo sobre su regazo. Cerró la ventana con pesadez y llevó al gato hasta su habitación. Cogió una toalla, esmerándose en secar su bello pelaje negro azulado. Al fin y al cabo, ella había hecho lo mismo con Bruno años atrás. Lo había sacado de una lluvia constante y le había dado el calor que necesitaba.
El animal empezó a ronronear. Bruno volvió a sonreír aunque, esta vez, aquella sonrisa logró encontrar sus ojos.

domingo, 17 de abril de 2011

Debería hacerte caso cuando hablas, Ev.

El compás se rompió, Evey. Lo puedo notar aquí dentro. Puedo notar como los sentimientos van entrando y, de repente, desaparecen. Es como si algo en mi interior se los fuera tragando, con ferocidad. Un agujero negro que nunca sacia su infinito apetito.
Pero no es mía toda la culpa, ¿sabes? Tú y yo sabemos que él no es el mejor de todos en los que me he podido fijar. Ambos sabíamos que yo tendría que arrastrarme sobre mis rodillas para poder conseguir su aprobación en algo. Sí, lo sé, me dijiste que eso es lo que hacían los perros. Y tienes razón, ahora es cuando me he dado cuenta de todas las verdades que me decías aquellas notes de niebla, cuando nos subíamos al tejado para unir las estrellas con cordones de oro blanco.
Yo intento dar lo mejor de mí, pero él no me da un margen de oportunidad. Aquella frialdad que me gustaba, aquella prepotencia que me encantaba, ahora es todo lo que me lleva a alejarme de él. Cada paso que doy hacia atrás es un día más para no volver a verlo. Y cada mirada que doy hacia el pasado me hace añorar más a aquellos que dejé a mis espaldas.
Porque yo sí se lo que quiero, lo tengo demasiado claro. Y lo que quiero, existe, aunque siempre en una nebulosa demasiado lejana para que mis brazos alcancen a abrazarla. Nosotros la llamamos La Nebulosa del Océano, ¿te acuerdas? Pero lo que él quiere, no existe. Lo que él quiere solo está en las películas. Lo que él quiere no es más que una hilera de fichas de dominó que, al moverlas un poco, se caen rompiendo el equilibrio.
Me gustan los retos, siempre que sepa que puedo llegar a algún lugar. ¿Te acuerdas cuando te dije que quería ser escritor? Es porque sé que puedo llegar a serlo. ¿Y te acuerdas de mis fotografías? Te dije que quería hacerlas porque sé reflejar el alma de la gente en ellas.
Pero, ¿me has oído alguna vez mencionar, con seguridad, que podría ser el único en su vida?
Pues ahí tienes la respuesta, pequeña Evey.
A partir de ahora, te escucharé, lo prometo.

martes, 5 de abril de 2011

Dijimos para siempre. Pero nos quedamos en el camino.

Hay un momento en tu vida en el que tienes que sentarte frente al abismo del pasado y mirar hacia abajo, hacia todo lo que has vivido. Y ves momentos, ves memorias de cristal violeta, ves a personas que te dieron razones para no morir en el intento de seguir caminando. Y pretendes detenerte en todas y cada una de ellas. Encuentras que algunos se han ido para siempre y que ya no volverán a entrar en tu vida. Que que hay algunas, aunque sean pocas, que siguen estando a tu lado, siendo lo que tira de ti cuando caes en el barro y te llenas los ojos de él.
Y entonces, sin que tú te percates de ello, ves como algunas de las personas que fueron tan importantes años atrás, esas con las que decías "para siempre" ahora no son absolutamente nada. Te das cuentas de que ahora sois completos extraños y que ya no es posible mantener una sola conversación sin que se encienda la chispa del odio y el rencor. Y aún sigo sin entender como alguien que ha estado a tu lado puedo mofarse de lo dura que es tu vida, de reírse en tu cara una y otra vez. Como es posible que suelte todo su dolor en tus espaldas y cómo es posible que se evada cuando tú intentas imitar ese gesto. Me resulta difícil de creer que alguien tenga miedo de contarle a sus propios amigos algo, por el simple hecho de que ellos lo consideren la mayor de las tonterías. Me resulta imposible creer que haya gente que haga toda esta clase de cosas y pretenda que todo siga donde estaba, como si nunca hubiera sido alterado.
Pero es la vida misma, lo que pasa día sí y día también. Pero ya me he cansado. Me he cansado de ser el hombro sobre el que llorabas, de ser de los pocos que se preocupaba por lo que te pasaba, de los que te llamaban cuando tenías un problema si decías "llámame". Porque sabes que estaría ahí hasta en el momento de tu muerte, sujetando tu mano hasta que dejaras este mundo. De que te protegería de todos tus miedos, de todos aquellos que te hicieran daños. Pero estoy cansado de intentar arreglar las cosas y que no se me tomen en cuenta.
Puede que mi vida no sea perfecta, puede que no sea feliz en ella, puede que todos los días sean una simple mentira. Puede que haya entregado mi vida a aquellos que no la merecían. Puede que te haya hecho daño una y otra vez, puede que te haya empujado hacia atrás. Pero siempre he pedido perdón, siempre he dado ese abrazo, ese "No, adiós, no. Es un hasta luego". Todos tenemos un límite y yo he alcanzado el mío.
Porque ya no eres nadie por quién merezca la pena luchar. Ya no eres nadie por quién merezca la pena esperar, por quién merezca la pena malgastar el tiempo pensando en solucionar lo que ya no se puede arreglar con palabras ni actos. Hemos cambiado, somos diferentes y esas diferencias nos desgastan poco a poco. Hasta que no ha quedado nada de lo que éramos.
Tantas veces he conseguido enseñarte lo equivocada que estabas. Tantas.
Por ello, suerte. Toda la suerte del mundo en tu camino. Yo seguiré el mío. No borraré lo que vivimos, no borraré las risas, los días en la playa, tus lágrimas, las noches hablando de todo lo que se nos pasaba por la cabeza, las cosquillas, los mordiscos dolorosos, las miradas que lo decían todo, los abrazos en una frías estación de trenes. Porque significaron un mundo y medio para mí.
Pero tú, seguirás en tu mundo.

Dijimos para siempre. Pero nos quedamos en el camino. 
http://www.youtube.com/watch?v=zPT-jxoTiCo&feature=related

Actualización para desahogarme. Porque ya no puedo más. Estoy cansado. Y que se de por aludida la que se tenga que dar por aludida. Ya está bien de hacer el idiota.

domingo, 23 de enero de 2011

Tu y yo, bajo la nieve.

Fuera de estas paredes tan duras y gruesas está nevando. Lo veo a través de mi ventana y no puedo evitar sonreír y exhalar un pequeño suspiro. Porque la nieve me recuerdo a ti, tan frío, tan silencioso, tan frágil. Pienso en todos esos momentos que me perderé, mi única esperanza, pienso en todos esos abrazos que nunca llegaré a tener. Pero no me entristece, parece que me he rendido a alcanzar la estrella que hay en ti. Pienso en todos esos besos debajo de la nieve que nunca recibiré. Sí, bajo la nieve, no bajo la lluvia. ¿Te imaginas? Bajo la lluvia nos mojaríamos de arriba abajo. Debajo de la nieve nos cubriríamos de silencio y de intimidad, de amor y respeto. Añoro, sin haberlas tenido, esas tardes en tu casa o en la mía, sentados en el suelo de mi habitación con una taza de chocolate en la mano, mientras contamos las estrellas que mi mente ha dibujado en el techo. Y nos abrazaríamos, intercalando besos apasionados de por medio, haciendo que las paredes temblasen con nuestras risas. Yo escribiría mis pensamientos y tú pintarías mi imaginación. Tú me mirarías con fijeza y yo formaría tu sonrisa, como si fuéramos el más perfecto de los equipos.
Por alguna razón, te echo de menos. No parece importa el hecho de no haberte tenido nunca. A mí no me importa. La nieve ya se está disipando y, con ella, mis recuerdos.
Hasta el próximo invierno.


Me pasaré mañana, voy a disfrutar de la nieve (:

jueves, 23 de diciembre de 2010

Contradicciones.

Deja de ponerme el corazón a mil, deja de ser la razón por la que lloro cada noche al dormir y cada mañana al despertar. Intenta, si puedes, irte de mi lado para poder dejarme respirar sin que cada bocanada de aire se convierta en miles de punzadas de dolor. Intenta hacer que deje de amarte

Pero no te vayas.

No te alejes de mí. No soportaría tu marcha, quedándome solo en un sitio sin lugar. No dejes de ser la razón por la que sonrío como nunca hago, por la que muero sin remedio. Ojalá pudieras amarme de la misma manera en la cuál yo lo hago. Ojalá fueras la vida que a mi me falta. Ojala... demasiadas cosas.


¡¡VACACIONES!! Creía que nunca iban a llegar, en serio. Ahora me paso por los blogs. Por cierto, me he hecho un VBlog, ya que necesito práctica para periodismo y esas cosas. Por fin vais a conocer al pequeño Kay. Bueno, suscribiros si os gusta. No hay cosas demasiado "filosóficas" por ahora. Pero prometo hacer videos de todo tipo y de lo que me pidan. Os quiero. Feliz Navidad.
http://www.youtube.com/user/Destroyaxx

sábado, 18 de diciembre de 2010

Una brújula sin su norte no es nada, Elah.

Puede que Elah no supiera qué significaba todo aquello. Puede que Nie no quisiera entender lo que pasaba en aquellos momentos. Las dos estaban a ambos lados de la cama, dándose la espalda la una a la otra, como si fueran completas desconocidas, una situación que se repetía día sí y día también. Elah movía las manos con nerviosismo y Nie bajaba la cabeza mientras exhalaba un largo suspiro triste. No querían hablar, pero Elah tuvo que obligarse a sí misma.
-¿Qué nos está pasando?
-Puede que nos estemos perdiendo.
-Es imposible. Una brújula no puede perder su norte.
Nie alzó la cabeza y comenzó a llorar.
-No, pero si el imán que las une se acaba para siempre, ya no quedará nada que mantener.

martes, 14 de diciembre de 2010

Creer en el amor no es tan fácil como ellos me dijeron, Evey. Y eso me pone triste.

Ojalá pudiera volver a creen en ello, Ev. Ojalá pudiera volver a creen en el amor verdadero. Pero no lo haré, pues he recibido muchos golpes y hasta he llegado a dármelos yo mismo donde más dolía, como un maldito masoca que disfruta con cada cicatriz que se hace en su cuerpo. En mi caso, las cicatrices siguen en lo más profundo de mi alma. El mundo, mi mundo, ya no es el mismo, ya no recibe la misma luz que recibía en aquellos tiempos de antaño. Ya no consigo sonreír y siento un extraño vacío en el pecho que me  hace perder la cabeza. No haré las cosas que quiero hacer, no gritaré a los cuatro vientos el amor que siento por él y siempre quedará la duda del "¿qué hubiera pasado"?. Duele, Evey, tú ya me entiendes, entiendes a la perfección todo lo que quiero decir.
¿Hacemos una cosa, pequeña? Pidamos un nuevo corazón para el año nuevo. Pidamos vivir en vez de existir, pidamos alcanzar la luna con las manos. Vamos, pequeña, tenemos que lograrlo: es por nosotros.

"And I, I wanna believe in love. I wanna believe in something bigger than the two of US"


Amorosos lectores, mañana me pasaré por vuestros blogs. El pequeó Kay Williams tiene que seguir estudiando un montón. Por cierto: ¡¡Suerte a todos con los exámenes finales!!

viernes, 3 de diciembre de 2010

Lapsus.

Puedes presumir de ser la tercera persona que me ha podido llegar a ver llorar en mi vida, cuando llorar es algo que no suelo hacer casi nunca. Puedes presumir de ser quién tiene todo lo que yo he llegado a querer. Puedes presumir de ser la meta a la que nunca podré llegar. Podrías presumir de muchas cosas, si las supieras.
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ACT RÁPIDA.
Bueno, chicos y chicas que me leen, me he hecho un nuevo blog. ¡Eh! que no cunda el pánico, no voy a cerrar este. Es un blog MUY distinto, donde trato temas de actualidad que nos pueden resultar útiles a muchos. Es un blog donde me encargo de hacer un crítica constructiva de la sociedad y de todos los temas tabúes que hay en ella. Espero que os guste y que me sigáis.
http://atravesdeuncristaldevapor.blogspot.com/

domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Y de qué sirve pedir perdón?

Siento mucho haberte fallado de esta manera. Siento no haber sido lo suficientemente fuerte como para seguir adelante a tu lado. Discúlpame por no haber sabido ser la sonrisa de tu cara, la luz de tus ojos. Disculpa por haber sido una historia de amor desencantado. No estuve a la altura, soy consciente de ello. Sé que te he perdido, sé que ya no hay remedio alguno. Ojalá encuentres esa luz en tu camino. Ojalá vuelvas a reír como antes. Ojalá encuentres una felicidad que yo ya no volveré a encontrar en nadie más. Quiero que luches, que salgas hacia delante. No te rindas. No cambies. Sé inmortal, tal y como yo te dije una vez. Promételo...
Lo siento.



Mañana me paso por los blogs que me han comentado y los que hayan sido actualizados recientemente. Es evidente que no es el mejor de mis momentos, disculpadme.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Luca ya no sabe qué sentir.

¿Cómo describir todo lo que Luca podía llegar a sentir? Es muy complicado de explicar, hay cosas que simplemente no se pueden poner en palabras, que son imposibles de escribir en un papel. Se sentía mal consigo mismo, no llegaba a gustarse. Sentía demasiadas astillas en su corazón, astillas que lo provocaban un dolor, tan intento, que recorría su cuerpo hasta acabar en los dedos de sus manos. Se había olvidado de cómo se lloraba, se había olvidado de demasiadas cosas. No dejaba de repetir aquella canción. Esa misma canción que estaba escuchando cuando esa persona apareció por la esquina, sin que le diera tiempo a reaccionar. Y volvío a sentir lo mismo: Dolor. Sonreía, pero era una sonrisa demasiado falsa. Había dejado de creer en los cuentos de hadas, ya no quería saber nada del "y vivieron felices y comieron perdices". Los cuentos eran para los que todavía vivían en las nubes. Él se había dado de bruces con la realidad, una realidad que no lo agradaba. Quería que esa persona estuviera allí, con él. Quería que lo abrazase, que le diera el cariño que necesitaba. Necesitaba un simple "te quiero" y tomar un trozo de tarta de queso en su regazo, mientras se miraban a los ojos. Sueños, sueños y más sueños. Ese era el día a día de Luca. ¿Sabéis lo que me dijo aquel día tan nevado, cuándo me lo encontré llorando en la cama de su habitación? Que nunca iba a rendirse. Yo lo creo. El siguiente paso es que él mismo crea sus propias palabras. Porque cuando te rompen el corazón, nunca llegas a saber cómo te sentías antes.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Cómo me pudo pasar a mí?

Estoy llegando al límite de la cordura. Es la historia que se repite una y otra vez, como un bucle interminable que me atormenta por dentro. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo he llegado a esta situación? Todo lo que haces, todo lo que no dices, todo lo que significas me duele. Odio que no me puedas escuchar, odio esa maldita verja metálica que hay entre nosotros dos. Dios sabe que haría lo que fuera por que salieras corriendo, por que te fueras y no volvieras, aunque eso me destrozara el interior, aunque la historia se volviera a repetir. Pero sigues ahí, mirando a ningún sitio, sin darte cuenta de que estoy intentando derribar esa barrera a patadas, sin cerciorarte de que estoy destrozando mi garganta, intentando que escuches el ruido que puedo llegar a hacer. No creo que vaya a rendirme, no creo que vaya a caer de rodillas y llorar. La propia experiencia me enseñó que eso no sirve de nada. Y ella misma me dijo, hace tiempo, que lo que estoy haciendo sirve de menos. Pero no puedo quedarme parado. Y menos cuando te tengo tan cerca, cuando estás a veinte pasos de mí, cuando puedo escuchar tu voz, ver tus ojos y apreciar tu sonrisa. Porque eres tú quien se ocupa de moverme. Si no hablaras, si no sonrieras, si no fueras tú mismo, yo no estaría tras esa verja, agarrándome a la alambrada e intentando que escuches todo lo que tengo que decir. Eres una herida dentro de otra más grande. No eres más que dolor. Dolor que me provoco yo y que provocas tú sin darte cuenta de que lo estás haciendo. Ven. Acércate. Estoy aquí. Soy yo, soy ese chico. No quiero una conversación. No quiero hablar de nada. Haz algo. Respira, camina, siente, sonríe, observa. Sigo siendo yo. Y sigo estando aquí.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Be just another echo.

¿Qué más puedo decir que no haya dicho con anterioridad? He sabido decirte te quiero de miles de maneras distintas y nunca he conseguido que las escuches. Aún espero el momento en el que tenga que dejar de abrazarme a la maldita almohada para conseguir conciliar el sueño. Aún intento borrar aquellas noches en las que te llamaba y nunca contestabas. Aún espero encontrar esa (gran) pequeña parte que te llevaste de mí sin saberlo. Aún espero dejar de soñar, levantarme y desilusionarme al darme cuenta de que nunca has estado a mi lado. Aún guardo demasiado amor, demasiadas lágrimas, demasiado dolor dentro de mí. Todo por tu culpa. Por eso, y por todo lo que vendrá en el futuro, te odio. Pero no te lo creas mucho.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Excepción.

Es en estos momentos en los que me paro bajo la lluvia, alzo la cara y dejo que el frío llanto del cielo me empape por completo. Dejo que el agua se lleve todo el dolor, todo el miedo y toda la tristeza de mí. Estoy cansado de tener miedo. Miedo de caer, miedo a volver a levantarme. ¿Quién no lo ha tenido alguna vez en la vida? Todo el mundo ha tenido miedo a tropezarse; y más cuando siempre lo haces con la misma piedra. Porque somos así de simples. Tropezamos y nos levantamos. Caminamos unos metros, unos días, unas semanas. Y volvemos a caer con esa maldita piedra, la misma que nos hizo caer de bruces contra el suelo la vez pasada. Maldecimos a ese pedrusco, pero el pobrecito no tiene culpa de tener piernas y querer venir siempre con nosotros. La culpa es nuestra, por malcriarlo y hacerlo una piedra mala, caprichosa y que siempre dependa de nosotros, sin que la dejemos crecer por si misma. Y caeremos, mil veces más, con esa piedra. Ella nunca se va a cansar de estar en medio del camino, para esperarnos y hacernos poner los pies en la tierra, hacer que perdamos el control y que perdamos la fe en nosotros mismos. Mi piedra es el miedo. Miedo a perder, miedo a darlo todo por nada, miedo a saltar desde un acantilado, miedo del amor, miedo de mi miedo. Él me sigue a todas partes. Y la inseguridad. Y con ellos, cogido de la mano, viene un corazón roto, que aún llora por la pérdida de alguien importante. Prometí que nunca más volvería a enamorarme. Prometí que nadie, jamás, entraría de nuevo en mi vida, que no me volverían a hacer daño, que no volvería a llorar por una persona que no se lo merece. Hasta el momento, lo había conseguido. Pero hasta las más altas torres caen. Y yo he caído. El miedo, la inseguridad, la falta de cariño, el dolor, la pena y la tristeza han vuelto. Y aquí, bajo la lluvia, todo parece demasiado gris. Esa piedra se ha cruzado de nuevo en mi vida. Esa piedra ha vuelto a romperme los esquemas. Creo que la tengo demasiado mimada y que por eso no me quiere dejar, dice que me echaría mucho de menos. ¿Y ahora? No lo sé, nadie sabe que hacer en este caso. Nos quedamos sentados, con la cabeza gacha, dejando que la tormenta nos cale hasta los huesos y esperando a que una mano nos saque de allí. Pero nadie va a ayudarte si no eres tú el que enseñas esa mirada triste y angustiada. Y si no tienes fuerzas para levantar la cabeza, game over. Dejaré que esta lluvia me cale, dejaré que la tormenta amaine un poco. Levantaré mi cabeza, miraré al frente y volveré a caminar, sangrando y muy, muy dolorido. Pero lo importante, sobre todas las cosas, es seguir caminando, a pesar de que tus fuerzas ya te hayan abandonado. Porque tú, sí, tú, eres mi única excepción.

lunes, 12 de julio de 2010

I'm Stupid.

Porque todos ellos son unos traidores. No se libra ni uno.

viernes, 9 de julio de 2010

Are you perfect?

Me gustaría encontrar a alguien que haya sentido lo mismo que yo. Me gustaría saber de una persona que sepa lo que es tener el corazón hecho pedazos, unos pedacitos tan pequeños, que ni siquiera importan. Es duro ver que te encuentras solo y que nunca vas a encontrar ese alguien con el que siempre has soñado, porque esa persona no existe. Siempre va a haber algún fallo, nunca va a ser perfecto. Porque la perfección no existe. Sin embargo, perfeccionamos a la persona que amamos, porque aprendemos a admirar sus defectos y a sonreír ante sus cualidades, poniéndonos una venda en los ojos, dejando que esa persona nos coja de la mano y nos guíe, puede que a un callejón sin salida. Pero, amigo, nos sentimos bien mientras caminamos, completos por una vez en nuestras vidas. Somos felices y, con eso, nos es suficiente para seguir caminando aunque, tarde o temprano, volvamos a rasparnos las rodillas con la pura realidad.