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sábado, 19 de mayo de 2012

Sin mañana, ni adiós.


¿Cómo ha podido pasar? ¿Cómo se me ha podido pasar por la cabeza pensar que yo, yo, que yo podría ser algo suficientemente bueno para alguien? ¿Cómo pude pensar que yo merecía la pena? ¿Por qué pensé, por qué coño llegue a creer que él estaría entre mis brazos? ¿Por qué me permití creer en aquella utopía que me cantaban sobre un mundo en el que yo podía ser feliz? ¿Por qué permití darle una oportunidad a todo el valor que escondía, a ese pequeño trozo de corazón que había conseguido reconstruir? ¿Cómo?
Y supongo que esta no es mi vida. Supongo que yo nunca puedo tener lo que realmente quiero, que yo no puedo sonreír de verdad, que yo no puedo decir “te quiero” y sentirlo. En el mundo de las mentiras, el frío y la perfección, en el mundo de los mortales, en este pasadizo de temporalidad por el que me arrastro, no existe la luz, no existe la felicidad. Muero de amor, sin saber qué es. Muero, sin que haya una segunda oportunidad. Muero, lentamente. Con cada paso que doy, con cada sonrisa que regalo. ¿Soy yo el problema? ¿Mi don o mi maldición? ¿Debo cambiar todo lo que quiero, todo en lo que creo, debo cambiar mi sonrisa por una teoría desplazada, debo ser como ellos para alcanzarlo?
Muero. Imperfecto. Creador y destructor. Cielo e infierno en la misma botella de whisky amargo. Y me hundo. Sin salida. Tic-toc. Sin mañana, ni adiós.

domingo, 22 de enero de 2012

Promesas.


Evey. Si escuchas esto es porque ya has escuchado los trece mensajes que te he dejado. Me mentiste, ¿verdad? Cuando me contaste a la luz de las velas, en la torre más alta de París, que podía ser feliz. Entonces te creí, pero todo fue una mentira, ¿eh? Cierro los ojos y sólo veo luces de guerra, heridas de batalla. ¿Pero, y los medallones? Nunca los tuve, tú me lo enseñaste.
Sin embargo, no estoy enfadado contigo. Nunca podré hacerlo. Sólo quiero que me prometas una cosa y que me ayudes, moviendo cielo e infierno, a hacerla realidad. Prometamos, sobre el fuego de nuestras vidas, que estaré sólo, que me dejarás estar sólo. A cambio, los haremos felices.
Contesta rápido, el chocolate se enfría.

Mañana me paso.

viernes, 23 de diciembre de 2011

One million.


A veces, una simple canción puede hacernos recordar un millón de infinitos e íntimos recuerdos que creíamos olvidados, para devolverlos a la realidad en la que nos encontramos como si fueran a hacernos nuestra existencia mucho más apetecible. Decidimos beber de ella, decidimos no dejar de pensar en todos los retrazos que encontramos en nuestro más profundo interior.
Y lloramos. Desconsoladamente. Lloramos por lo que hemos perdido y por lo que nunca ganamos. Derrochamos lágrimas y tiempo en darnos cuenta de que todo ha cambiado y de que los gorriones nunca volverán a volar sobre nuestras casas. Suspiramos por todas aquellas noches de invierno perdidas en la nada, bajo las sábanas. Bajamos la mirada frente a ellos, frente a los que ya no están, frente a los que ya se han ido. Rompemos en trizas nuestros pilares, tan sólo durante un segundo, para poder, para volver a recordar quiénes éramos en realidad. Y los devolvemos a la vida para morir, para vivir en esa realidad tan fría en la que todos nos hemos encerrado.


Feliz Navidad a todos :)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Eternidad.

Ya no sabíamos qué hacer. Tú y yo, la noche era demasiado oscura para ambos, pobres inocentes.
Conocimos la verdad de las historias de fantasía, reemplazándolas por históricas. Las personas cambian, crecen, solitarias e inquebrantables como el tiempo. Los sentimientos maduran, se enfrían, se rompen, desaparecen como tú. Los días caen, con el sol, hasta que la nada nos envuelve.
La pluma sobre el papel rasgado parecía no ser suficiente. Suspirar dolía, sonreír mataba. Sustituye el dolor por el alcohol si es lo que deseas, y el sentimiento de pérdida por las páginas de un viejo diario. Cambia las vendas, a pesar de que las cicatrices sigan en tu pálido cuerpo de princesa. Y puedes cerrar los ojos para no ver las luces rojas que te muestran el camino, pero los recuerdos seguirán ahí para siempre, como esa sombra del pasado que no se ha cansado de perseguirte. Escapa, huye, corre, grita, mas nunca podrás escapar el tic-tac de tu reloj.
Palabra tras palabra, tachón tras tachón, escondemos una parte de nosotros, dejando constancia del mundo que fluye por nuestras venas. Memorias, recuerdos, tardes de ocaso, nieve que se funde, simples afluentes que se escanden bajo la piel. Promesas de niños, mentiras para adultos. Teníamos un lugar al que llamar nuestro hogar, un lazo que nos unía en el paso de los años, una historia que poder contar.
Ahora me hayo aquí, sentado y cansado, maldiciendo el día en que las promesas, las palabras y los suspiros se los llevó el viento. Y duele, más que el fuego sobre mi piel, el saber que jamás volverán.
Les quitamos su eternidad.

sábado, 7 de mayo de 2011

Recuerdos en una habitación romana.

En Roma no solía llover de aquella manera. La ciudad, además de estar sumida en una profunda y triste soledad, era empapada por toda el agua que caía de aquellos enormes nubarrones oscuros que habían escondido la luz del sol en otra dimensión, asustada. Las lenguas de agua recorrían el asfalto. Las gárgolas de la catedral sentían el frío tacto de la lluvia en sus facciones. La plaza de San Pedro acallaba sus voces milenarias para poder escuchar el bello compás de las miles de gotitas que se estrellaban contra el suelo.
 Un gato, de ojos verde intenso, escapaba del chapuzón refugiándose en el hueco de una ventana. Sacudiéndose el pelaje y lamiéndolo después, el pequeño felino miraba el cielo con expresión resentida. Bruno miraba al animal desde el otro lado de la ventana. Suspiraba, con tal de sentir algo recorrer su cuerpo, aunque fuera el humo y aire que había en la habitación. Tomó una pequeña calada de aquel cigarro, aún a sabiendas de que sus pulmones estaban totalmente en contra de aquel cruel castigo. El gato bostezó enseñando sus fauces, unos colmillos largos, blancos y peligrosos. Estiró su cuerpo como si fuera un acordeón y se hizo un ovillo en la esquina de la ventana.
Bruno frunció el ceño y se vio él mismo en los ojos de aquel pequeño animal. Se volvió a sentir perdido, volvió a tener aquella sensación de no tener en donde poder caer de rodillas. La soledad lo invadió y el recuerdo de un dulce beso le hizo recordar el sabor a vino de su lengua. Y dolía, dolía tanto que se quedaba sin aire. Sus ojos violetas miraron hacia los nubarrones y sintió el frío de su recuerdo. Ella ya no estaba allí y solo le quedaban unas fotos de su vieja polaroid para recordarla. Las noches que había pasado a su lado habían sido maravillosas. Todavía podía notar aquella piel blanca y aterciopelada en sus yemas. Sus suspiros, su olor a vainilla, el bello sonido de su risa. La había visto escribir una y otra vez y no se cansaría nunca de observar aquella aura que la envolvía cuando la pluma arañaba y dejaba su rastro en el papel. La había visto en el escenario, dando vida a una escena que antes solo se componía de palabras sin sentido y que ahora estaban llenas de sentimientos. Su voz retumbaba en las paredes del teatro, que iluminado tenuemente hacía brillar aquellos ojos grises que habían conseguido enamorar el corazón de Bruno desde la primera vez que conoció la droga que escondían. La había visto sonreír frente a aquellos niños del hospital, a pesar de que morirían en poco tiempo, acusados de una grave enfermedad. Su felicidad les hacía la vida un poco más fácil y su fortaleza los animaba a seguir adelante.
Bruno suspiró y miró de nuevo al gato de ojos verdes. Sonrió con tristeza y abrió la ventana. El animal lo miró y pareció enarcar una ceja. Bruno tiró el cigarro hacia la calle y cogió al felino con delicadeza, metiéndolo en la casa y poniéndolo sobre su regazo. Cerró la ventana con pesadez y llevó al gato hasta su habitación. Cogió una toalla, esmerándose en secar su bello pelaje negro azulado. Al fin y al cabo, ella había hecho lo mismo con Bruno años atrás. Lo había sacado de una lluvia constante y le había dado el calor que necesitaba.
El animal empezó a ronronear. Bruno volvió a sonreír aunque, esta vez, aquella sonrisa logró encontrar sus ojos.

martes, 5 de abril de 2011

Dijimos para siempre. Pero nos quedamos en el camino.

Hay un momento en tu vida en el que tienes que sentarte frente al abismo del pasado y mirar hacia abajo, hacia todo lo que has vivido. Y ves momentos, ves memorias de cristal violeta, ves a personas que te dieron razones para no morir en el intento de seguir caminando. Y pretendes detenerte en todas y cada una de ellas. Encuentras que algunos se han ido para siempre y que ya no volverán a entrar en tu vida. Que que hay algunas, aunque sean pocas, que siguen estando a tu lado, siendo lo que tira de ti cuando caes en el barro y te llenas los ojos de él.
Y entonces, sin que tú te percates de ello, ves como algunas de las personas que fueron tan importantes años atrás, esas con las que decías "para siempre" ahora no son absolutamente nada. Te das cuentas de que ahora sois completos extraños y que ya no es posible mantener una sola conversación sin que se encienda la chispa del odio y el rencor. Y aún sigo sin entender como alguien que ha estado a tu lado puedo mofarse de lo dura que es tu vida, de reírse en tu cara una y otra vez. Como es posible que suelte todo su dolor en tus espaldas y cómo es posible que se evada cuando tú intentas imitar ese gesto. Me resulta difícil de creer que alguien tenga miedo de contarle a sus propios amigos algo, por el simple hecho de que ellos lo consideren la mayor de las tonterías. Me resulta imposible creer que haya gente que haga toda esta clase de cosas y pretenda que todo siga donde estaba, como si nunca hubiera sido alterado.
Pero es la vida misma, lo que pasa día sí y día también. Pero ya me he cansado. Me he cansado de ser el hombro sobre el que llorabas, de ser de los pocos que se preocupaba por lo que te pasaba, de los que te llamaban cuando tenías un problema si decías "llámame". Porque sabes que estaría ahí hasta en el momento de tu muerte, sujetando tu mano hasta que dejaras este mundo. De que te protegería de todos tus miedos, de todos aquellos que te hicieran daños. Pero estoy cansado de intentar arreglar las cosas y que no se me tomen en cuenta.
Puede que mi vida no sea perfecta, puede que no sea feliz en ella, puede que todos los días sean una simple mentira. Puede que haya entregado mi vida a aquellos que no la merecían. Puede que te haya hecho daño una y otra vez, puede que te haya empujado hacia atrás. Pero siempre he pedido perdón, siempre he dado ese abrazo, ese "No, adiós, no. Es un hasta luego". Todos tenemos un límite y yo he alcanzado el mío.
Porque ya no eres nadie por quién merezca la pena luchar. Ya no eres nadie por quién merezca la pena esperar, por quién merezca la pena malgastar el tiempo pensando en solucionar lo que ya no se puede arreglar con palabras ni actos. Hemos cambiado, somos diferentes y esas diferencias nos desgastan poco a poco. Hasta que no ha quedado nada de lo que éramos.
Tantas veces he conseguido enseñarte lo equivocada que estabas. Tantas.
Por ello, suerte. Toda la suerte del mundo en tu camino. Yo seguiré el mío. No borraré lo que vivimos, no borraré las risas, los días en la playa, tus lágrimas, las noches hablando de todo lo que se nos pasaba por la cabeza, las cosquillas, los mordiscos dolorosos, las miradas que lo decían todo, los abrazos en una frías estación de trenes. Porque significaron un mundo y medio para mí.
Pero tú, seguirás en tu mundo.

Dijimos para siempre. Pero nos quedamos en el camino. 
http://www.youtube.com/watch?v=zPT-jxoTiCo&feature=related

Actualización para desahogarme. Porque ya no puedo más. Estoy cansado. Y que se de por aludida la que se tenga que dar por aludida. Ya está bien de hacer el idiota.

domingo, 23 de enero de 2011

Tu y yo, bajo la nieve.

Fuera de estas paredes tan duras y gruesas está nevando. Lo veo a través de mi ventana y no puedo evitar sonreír y exhalar un pequeño suspiro. Porque la nieve me recuerdo a ti, tan frío, tan silencioso, tan frágil. Pienso en todos esos momentos que me perderé, mi única esperanza, pienso en todos esos abrazos que nunca llegaré a tener. Pero no me entristece, parece que me he rendido a alcanzar la estrella que hay en ti. Pienso en todos esos besos debajo de la nieve que nunca recibiré. Sí, bajo la nieve, no bajo la lluvia. ¿Te imaginas? Bajo la lluvia nos mojaríamos de arriba abajo. Debajo de la nieve nos cubriríamos de silencio y de intimidad, de amor y respeto. Añoro, sin haberlas tenido, esas tardes en tu casa o en la mía, sentados en el suelo de mi habitación con una taza de chocolate en la mano, mientras contamos las estrellas que mi mente ha dibujado en el techo. Y nos abrazaríamos, intercalando besos apasionados de por medio, haciendo que las paredes temblasen con nuestras risas. Yo escribiría mis pensamientos y tú pintarías mi imaginación. Tú me mirarías con fijeza y yo formaría tu sonrisa, como si fuéramos el más perfecto de los equipos.
Por alguna razón, te echo de menos. No parece importa el hecho de no haberte tenido nunca. A mí no me importa. La nieve ya se está disipando y, con ella, mis recuerdos.
Hasta el próximo invierno.


Me pasaré mañana, voy a disfrutar de la nieve (:

jueves, 23 de diciembre de 2010

Contradicciones.

Deja de ponerme el corazón a mil, deja de ser la razón por la que lloro cada noche al dormir y cada mañana al despertar. Intenta, si puedes, irte de mi lado para poder dejarme respirar sin que cada bocanada de aire se convierta en miles de punzadas de dolor. Intenta hacer que deje de amarte

Pero no te vayas.

No te alejes de mí. No soportaría tu marcha, quedándome solo en un sitio sin lugar. No dejes de ser la razón por la que sonrío como nunca hago, por la que muero sin remedio. Ojalá pudieras amarme de la misma manera en la cuál yo lo hago. Ojalá fueras la vida que a mi me falta. Ojala... demasiadas cosas.


¡¡VACACIONES!! Creía que nunca iban a llegar, en serio. Ahora me paso por los blogs. Por cierto, me he hecho un VBlog, ya que necesito práctica para periodismo y esas cosas. Por fin vais a conocer al pequeño Kay. Bueno, suscribiros si os gusta. No hay cosas demasiado "filosóficas" por ahora. Pero prometo hacer videos de todo tipo y de lo que me pidan. Os quiero. Feliz Navidad.
http://www.youtube.com/user/Destroyaxx

sábado, 18 de diciembre de 2010

Una brújula sin su norte no es nada, Elah.

Puede que Elah no supiera qué significaba todo aquello. Puede que Nie no quisiera entender lo que pasaba en aquellos momentos. Las dos estaban a ambos lados de la cama, dándose la espalda la una a la otra, como si fueran completas desconocidas, una situación que se repetía día sí y día también. Elah movía las manos con nerviosismo y Nie bajaba la cabeza mientras exhalaba un largo suspiro triste. No querían hablar, pero Elah tuvo que obligarse a sí misma.
-¿Qué nos está pasando?
-Puede que nos estemos perdiendo.
-Es imposible. Una brújula no puede perder su norte.
Nie alzó la cabeza y comenzó a llorar.
-No, pero si el imán que las une se acaba para siempre, ya no quedará nada que mantener.

martes, 14 de diciembre de 2010

Creer en el amor no es tan fácil como ellos me dijeron, Evey. Y eso me pone triste.

Ojalá pudiera volver a creen en ello, Ev. Ojalá pudiera volver a creen en el amor verdadero. Pero no lo haré, pues he recibido muchos golpes y hasta he llegado a dármelos yo mismo donde más dolía, como un maldito masoca que disfruta con cada cicatriz que se hace en su cuerpo. En mi caso, las cicatrices siguen en lo más profundo de mi alma. El mundo, mi mundo, ya no es el mismo, ya no recibe la misma luz que recibía en aquellos tiempos de antaño. Ya no consigo sonreír y siento un extraño vacío en el pecho que me  hace perder la cabeza. No haré las cosas que quiero hacer, no gritaré a los cuatro vientos el amor que siento por él y siempre quedará la duda del "¿qué hubiera pasado"?. Duele, Evey, tú ya me entiendes, entiendes a la perfección todo lo que quiero decir.
¿Hacemos una cosa, pequeña? Pidamos un nuevo corazón para el año nuevo. Pidamos vivir en vez de existir, pidamos alcanzar la luna con las manos. Vamos, pequeña, tenemos que lograrlo: es por nosotros.

"And I, I wanna believe in love. I wanna believe in something bigger than the two of US"


Amorosos lectores, mañana me pasaré por vuestros blogs. El pequeó Kay Williams tiene que seguir estudiando un montón. Por cierto: ¡¡Suerte a todos con los exámenes finales!!

domingo, 5 de diciembre de 2010

Joder, Evey, entiéndeme.

No es que me martirice, Evey. Es que en estos momentos no puedo sentir otra cosa que no sea eso. Nunca he podido ser realmente feliz. Nunca he podido realizar mi sueño verdadero. Porque él sigue ahí.
Él y su puta sonrisa.
Él y todos sus movimientos.
Él y su maldita fuerza de atracción.
No podré ser feliz nunca hasta que lo haya olvidado. Y eso Evey, es lo más triste que le puede pasar a una persona como yo.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Lapsus.

Puedes presumir de ser la tercera persona que me ha podido llegar a ver llorar en mi vida, cuando llorar es algo que no suelo hacer casi nunca. Puedes presumir de ser quién tiene todo lo que yo he llegado a querer. Puedes presumir de ser la meta a la que nunca podré llegar. Podrías presumir de muchas cosas, si las supieras.
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ACT RÁPIDA.
Bueno, chicos y chicas que me leen, me he hecho un nuevo blog. ¡Eh! que no cunda el pánico, no voy a cerrar este. Es un blog MUY distinto, donde trato temas de actualidad que nos pueden resultar útiles a muchos. Es un blog donde me encargo de hacer un crítica constructiva de la sociedad y de todos los temas tabúes que hay en ella. Espero que os guste y que me sigáis.
http://atravesdeuncristaldevapor.blogspot.com/

domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Y de qué sirve pedir perdón?

Siento mucho haberte fallado de esta manera. Siento no haber sido lo suficientemente fuerte como para seguir adelante a tu lado. Discúlpame por no haber sabido ser la sonrisa de tu cara, la luz de tus ojos. Disculpa por haber sido una historia de amor desencantado. No estuve a la altura, soy consciente de ello. Sé que te he perdido, sé que ya no hay remedio alguno. Ojalá encuentres esa luz en tu camino. Ojalá vuelvas a reír como antes. Ojalá encuentres una felicidad que yo ya no volveré a encontrar en nadie más. Quiero que luches, que salgas hacia delante. No te rindas. No cambies. Sé inmortal, tal y como yo te dije una vez. Promételo...
Lo siento.



Mañana me paso por los blogs que me han comentado y los que hayan sido actualizados recientemente. Es evidente que no es el mejor de mis momentos, disculpadme.

lunes, 4 de octubre de 2010

Nunca más.

Eres intentar coger el humo con las manos. Eres el agua que se escapa de entre mis manos en esos horrorosos días de playa. Eres imposible, desagradable. ¿Por qué no te rindes de una vez? ¿Por qué tienes que seguir raspándote las rodillas con mi suelo? Te dije que te quería fuera de mi propiedad, de mi vida, de la sangre que corre por mis venas. Soy una persona que puede llegar a perdonar de todo. Bofetones, puñaladas por la espalda, engaños, mentiras y hasta la propia hipocresía. Pero tengo mi límite. Y tú lo superaste hace muchos años. Te cerré las puertas, puse un cartel avisando de que no pusieras el pie en mi camino. ¿Crees que me pueden llegar a importan tus lágrimas? ¿Crees que me importa el que me vengas pidiendo perdón, aunque te encarames a la cima del mundo para gritarlo? No-me-conoces. Y nunca lo vas a hacer. Me resultas patético. No voy a perdonarte, porque ya estás perdonado de todo lo que me has podido llegar ha hacer. Pero no voy a dejar que vuelvas a hacerme daño. No voy a abrir esas puertas. No voy a dejar que te apoderes de mi bello castillo. No esta vez. No de nuevo. Nunca más. El perdón no soluciona nunca nada. El tiempo tampoco. Apártate de mi camino si no quieres que sea yo quién pase por encima del tuyo. Y dicen que a los huracanes les encanta tragarse a las casuchas de madera. Quedas advertido. Esta vez, no caeré.


http://www.youtube.com/watch?v=4wyJIIP5a1Q
Me apetecía poner la canción. Mañana me pasaré por los blogs. Hoy, como se puede observar, NO estoy de humor. Lo siento.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Ya no sé que pensar de ti.

Incluso me cuesta respirar. El hecho de saber quién eres en realidad me ha dejado sin aliento. El hecho de saber tus intereses, el por qué te mueves, el por qué vives, me ha destrozado. Ha sido un maldito golpe bajo, no estaba preparado para ello. ¡Dime! ¿Por qué yo no tengo esas sonrisas tuyas como regalo? ¿Por qué solo tengo ese maldito muro que pones entre nosotros? Estoy cansado. Cansado de esperar a que me veas, cansado de darte lo mejor de mí y recibir puñaladas por todos los lados. En estos momentos, desearía no haber sabido nunca de ti, pues no me hubiera tropezado con lo que más odio en el mundo: El amor. Gracias a ti ha pasado todo eso. Me has defraudado, me has herido otra vez. Ya no puedo confiar en nada. Ni en las apariencias, pues siempre engañan. Estoy cansado de fingir estar bien, cuando de verdad no lo estoy. Eres una puta mentira, eres una máscara que esconde lo que nunca he querido. ¿Por qué? ¡Dime! ¿Por qué eres así? En estos momentos, maldigo el día en el que decidí mirarte a los ojos y lanzarme al vacío. Me la he pegado bien pegada. Gracias a ti, no puedo confiar ni en mí mismo. Gilipollas.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Luca ya no sabe qué sentir.

¿Cómo describir todo lo que Luca podía llegar a sentir? Es muy complicado de explicar, hay cosas que simplemente no se pueden poner en palabras, que son imposibles de escribir en un papel. Se sentía mal consigo mismo, no llegaba a gustarse. Sentía demasiadas astillas en su corazón, astillas que lo provocaban un dolor, tan intento, que recorría su cuerpo hasta acabar en los dedos de sus manos. Se había olvidado de cómo se lloraba, se había olvidado de demasiadas cosas. No dejaba de repetir aquella canción. Esa misma canción que estaba escuchando cuando esa persona apareció por la esquina, sin que le diera tiempo a reaccionar. Y volvío a sentir lo mismo: Dolor. Sonreía, pero era una sonrisa demasiado falsa. Había dejado de creer en los cuentos de hadas, ya no quería saber nada del "y vivieron felices y comieron perdices". Los cuentos eran para los que todavía vivían en las nubes. Él se había dado de bruces con la realidad, una realidad que no lo agradaba. Quería que esa persona estuviera allí, con él. Quería que lo abrazase, que le diera el cariño que necesitaba. Necesitaba un simple "te quiero" y tomar un trozo de tarta de queso en su regazo, mientras se miraban a los ojos. Sueños, sueños y más sueños. Ese era el día a día de Luca. ¿Sabéis lo que me dijo aquel día tan nevado, cuándo me lo encontré llorando en la cama de su habitación? Que nunca iba a rendirse. Yo lo creo. El siguiente paso es que él mismo crea sus propias palabras. Porque cuando te rompen el corazón, nunca llegas a saber cómo te sentías antes.

viernes, 24 de septiembre de 2010

El nuevo horizonte eres tú.

Me encuentro de nuevo en esa encrucijada con miles y millones de caminos diferentes. Ya no sé qué hacer, no sé cómo actuar para hacer las cosas medianamente bien. Si camino hacia uno de esos senderos, estoy diciendo adiós a miles de interrogantes, a futuros "¿qué habría pasado?". El conocer a una persona puede hacer que tengas que elegir en tu vida. El saber que puedes hacer una historia con esa persona, puede cambiarte por completo. No veo el horizonte, no veo el momento en que esto acabe de una vez por todas. Por un lado quiero correr hacia ti, abrazarte. Por otro quiero escapar y no volver a saber nada relacionado con el estúpido amor de las narices. Por otra parte, deseo quedarme sin hacer nada, dejando que seas tú quién de el primer paso. Y por otra, quiero ser yo el que lleve las riendas de todo esto, el que diga que sí a todas tus pícaras proposiciones. Puedes ser lo que siempre he deseado, puedes ser la venda para este corazón herido. Puedes ser un nuevo horizonte. Puedes ser miles de cosas. Yo seguiré siendo un cobarde. Si no eres tú quién se ocupe de tirar de mi mano, yo no lo voy a hacer. Soy así de complejo. Soy así de simple. Sigo demasiado atemorizado. ¿Mi miedo? Puede que el hecho de que te canses de esperar.
¿Te predigo el futuro? Lo harás.


Me identifico demasiada con esta canción. Ya es muy tarde como para ponerme a pasarme por todos los blogs y no es que esté de humor ( ja ja, ¿y cuándo sí, Kay?). Mañana sin falta me paso por vuestros amores <3

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Cómo me pudo pasar a mí?

Estoy llegando al límite de la cordura. Es la historia que se repite una y otra vez, como un bucle interminable que me atormenta por dentro. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo he llegado a esta situación? Todo lo que haces, todo lo que no dices, todo lo que significas me duele. Odio que no me puedas escuchar, odio esa maldita verja metálica que hay entre nosotros dos. Dios sabe que haría lo que fuera por que salieras corriendo, por que te fueras y no volvieras, aunque eso me destrozara el interior, aunque la historia se volviera a repetir. Pero sigues ahí, mirando a ningún sitio, sin darte cuenta de que estoy intentando derribar esa barrera a patadas, sin cerciorarte de que estoy destrozando mi garganta, intentando que escuches el ruido que puedo llegar a hacer. No creo que vaya a rendirme, no creo que vaya a caer de rodillas y llorar. La propia experiencia me enseñó que eso no sirve de nada. Y ella misma me dijo, hace tiempo, que lo que estoy haciendo sirve de menos. Pero no puedo quedarme parado. Y menos cuando te tengo tan cerca, cuando estás a veinte pasos de mí, cuando puedo escuchar tu voz, ver tus ojos y apreciar tu sonrisa. Porque eres tú quien se ocupa de moverme. Si no hablaras, si no sonrieras, si no fueras tú mismo, yo no estaría tras esa verja, agarrándome a la alambrada e intentando que escuches todo lo que tengo que decir. Eres una herida dentro de otra más grande. No eres más que dolor. Dolor que me provoco yo y que provocas tú sin darte cuenta de que lo estás haciendo. Ven. Acércate. Estoy aquí. Soy yo, soy ese chico. No quiero una conversación. No quiero hablar de nada. Haz algo. Respira, camina, siente, sonríe, observa. Sigo siendo yo. Y sigo estando aquí.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Be just another echo.

¿Qué más puedo decir que no haya dicho con anterioridad? He sabido decirte te quiero de miles de maneras distintas y nunca he conseguido que las escuches. Aún espero el momento en el que tenga que dejar de abrazarme a la maldita almohada para conseguir conciliar el sueño. Aún intento borrar aquellas noches en las que te llamaba y nunca contestabas. Aún espero encontrar esa (gran) pequeña parte que te llevaste de mí sin saberlo. Aún espero dejar de soñar, levantarme y desilusionarme al darme cuenta de que nunca has estado a mi lado. Aún guardo demasiado amor, demasiadas lágrimas, demasiado dolor dentro de mí. Todo por tu culpa. Por eso, y por todo lo que vendrá en el futuro, te odio. Pero no te lo creas mucho.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Excepción.

Es en estos momentos en los que me paro bajo la lluvia, alzo la cara y dejo que el frío llanto del cielo me empape por completo. Dejo que el agua se lleve todo el dolor, todo el miedo y toda la tristeza de mí. Estoy cansado de tener miedo. Miedo de caer, miedo a volver a levantarme. ¿Quién no lo ha tenido alguna vez en la vida? Todo el mundo ha tenido miedo a tropezarse; y más cuando siempre lo haces con la misma piedra. Porque somos así de simples. Tropezamos y nos levantamos. Caminamos unos metros, unos días, unas semanas. Y volvemos a caer con esa maldita piedra, la misma que nos hizo caer de bruces contra el suelo la vez pasada. Maldecimos a ese pedrusco, pero el pobrecito no tiene culpa de tener piernas y querer venir siempre con nosotros. La culpa es nuestra, por malcriarlo y hacerlo una piedra mala, caprichosa y que siempre dependa de nosotros, sin que la dejemos crecer por si misma. Y caeremos, mil veces más, con esa piedra. Ella nunca se va a cansar de estar en medio del camino, para esperarnos y hacernos poner los pies en la tierra, hacer que perdamos el control y que perdamos la fe en nosotros mismos. Mi piedra es el miedo. Miedo a perder, miedo a darlo todo por nada, miedo a saltar desde un acantilado, miedo del amor, miedo de mi miedo. Él me sigue a todas partes. Y la inseguridad. Y con ellos, cogido de la mano, viene un corazón roto, que aún llora por la pérdida de alguien importante. Prometí que nunca más volvería a enamorarme. Prometí que nadie, jamás, entraría de nuevo en mi vida, que no me volverían a hacer daño, que no volvería a llorar por una persona que no se lo merece. Hasta el momento, lo había conseguido. Pero hasta las más altas torres caen. Y yo he caído. El miedo, la inseguridad, la falta de cariño, el dolor, la pena y la tristeza han vuelto. Y aquí, bajo la lluvia, todo parece demasiado gris. Esa piedra se ha cruzado de nuevo en mi vida. Esa piedra ha vuelto a romperme los esquemas. Creo que la tengo demasiado mimada y que por eso no me quiere dejar, dice que me echaría mucho de menos. ¿Y ahora? No lo sé, nadie sabe que hacer en este caso. Nos quedamos sentados, con la cabeza gacha, dejando que la tormenta nos cale hasta los huesos y esperando a que una mano nos saque de allí. Pero nadie va a ayudarte si no eres tú el que enseñas esa mirada triste y angustiada. Y si no tienes fuerzas para levantar la cabeza, game over. Dejaré que esta lluvia me cale, dejaré que la tormenta amaine un poco. Levantaré mi cabeza, miraré al frente y volveré a caminar, sangrando y muy, muy dolorido. Pero lo importante, sobre todas las cosas, es seguir caminando, a pesar de que tus fuerzas ya te hayan abandonado. Porque tú, sí, tú, eres mi única excepción.