sábado, 10 de diciembre de 2011

Su nombre es de ira.


Bajo los neones neoyorkinos, Cólera caminaba con indiferencia desgastada, pero sensual. Cruzaba las piernas a cada paso. Las botas de cuero negro y brillante la elevaban sobre la muchedumbre de la ciudad, aunque su cabeza ya estaba por muy encima del infinito nocturno, por encima de aquella realidad.
Los taconazos sobre el pavimento, incrustados en cristales rodados, se alineaban en armonía con el rock n’ roll de los pubs que quedaban a sus espaldas, derrapando en las peligrosas curvas de su cadera.
Flameante, aquel cabello anaranjado se enredaba con la fina brisa invernal, como si formara una esencial parte de ella. Ojos de color azul, pero no de un azul normal, tampoco de un azul zafiro. Eran brillantes, glamurosos, y tan soberbios que te hacían odiarla en aquel mismo instante, pero igualmente desear tenerla en la cama, completamente desnuda, gimiendo, susurrando tu nombre una y otra vez. Azules invierno, peligrosos y atigrados. Pestañas finas y alargadas los rodeaban. El rímel se había esparcido un poco hacia abajo, no obstante, la ferocidad seguía innata tras aquella cara de ángel caído del cielo. Entrecerraba los ojos a la par que caminaba, sólo para poder derrochar un poco del desprecio que sentía en las entrañas.
Labios rojos como el fuego, diminutas constelaciones pecosas en las mejillas rosadas. Y una piel, tan pálida, que unas tímidas venas azules entreveían en su cuello, colmadas en veneno y amor no correspondido.
Se llevó el cigarrillo a la boca, exhalando un poco de humo y un poco de esperanza perdida, ganas de gritar, de reír y disfrutar.
Robaba miradas y las despezaba con sus frágiles uñas. Tomaba esperanzas y les arrancaba hasta la última parte de racionalidad. Cogía mil y un corazones y los hacía reventar de puro dolor.
Cólera.
Paso a paso, recorría las calles tan sólo para buscar un poco de risas hechas de heavy metal y whisky barato. Una nueva víctima, un poco de sexo desenfrenado.
Dejó a la camiseta escurrírsele por el hombro con delicadeza infantil, mostrando el tirante de un sensual sostén negro y escarlata. Sonrió, apenas unos centímetros de hipocresía.
Y con esa sonrisa, rompió una nueva ilusión.

8 comentarios:

  1. (Aplausos y ovaciones) En serio Kay, escribes de miedo... Me encantan tus escritos, transmites una fuerza

    ResponderEliminar
  2. "Y con esa sonrisa, rompió una nueva ilusión."

    ¡Es completamente genial!

    Un saludo del cazador de las estrellas...

    ResponderEliminar
  3. No podías haber acabado mejor la historia...Me gusta mucho, Un besazo.

    ResponderEliminar
  4. He visto tu blog nombrado en el blog de Lunna Golightly y me ha entrado la curiosidad, pero ya veo que tiene razón, tus textos son muy especiales y diferentes :) Te sigo.

    ResponderEliminar
  5. Yo también te he visto en el blog de Lunna Golightly, y wow que pasada de texto y de chica,
    que pena que no la hayan sabido querer bien...
    Muá! :)

    ResponderEliminar
  6. Las chicas guapas creen que pueden comerse el mundo. Pero, a veces, son malas porque la vida las ha hecho así.

    ¿Quién sabe? La rabia hace mucho. Un corazón roto, más.

    J.

    ResponderEliminar
  7. Con ese nombre no le queda mas opcion que ser asi...que texto tan diferente de tantos otros por blogger, he llegado de rebote pero me gusta!

    ResponderEliminar